CAPITULO III


Miro a través de los ventanales una vez más, y una vez más en mi vida recuerdo el Malecón de La Habana mientras aterriza delante mío un aparato bestial de color blanco que no es de Cubana de Aviación, porque siempre que presencio extasiado a un avión que aterriza o despega siento que es de Cubana; vaya uno a saber porqué mierda. Y vaya también uno a saber porqué otra mierda se me vino encima el Malecón de La Habana, y la Avenida del Puerto bordeando toda la bahía de la ciudad, con sus olas de invierno saltando por sobre los murallones para salpicar el asfalto y armar una de las típicas fotos del turismo en La Habana. Vaya uno a saber; será por la similitud de los ventanales, o el color del cielo atardeciendo en medio de las nubes; quizás porque soy un melancólico sin remedio; quizás no sé. Seguramente es ésto último.

1 Comments:

Blogger elhinculto said...

Estimada Dominella: es verdad, tanto como que podría ser el río del mundo, y que yo sí, yo estaría entonces en la vereda de enfrente, junto a un carrito de choripanes, aburrido de tantas digestiones y con una cámara en las manos. Pero para mí, como dice Barthes, el punctum sería la bicicleta.
Un abrazo.

viernes, septiembre 15, 2006  

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